Ahora muchos se lamentan del rumbo que va tomando la cosa.
Ahora muchos se lamentan de que cualquier advenedizo se convierta en el deseado de los oprimidos a quienes su participación en el Estado condenó a la exclusión, y de que “el fenómeno” pueda dar al traste con el sistema de partidos.
Ahora grita un impío: “¡Ay, por qué no le hice caso a mi conciencia! Sobre todo, aquella noche en que tuve la pesadilla donde las “no personas” venían por mí armados de hachas, picos y palos a pedirme cuenta de todo lo que me robaba en desmedro de la oportunidad de educar sus hijos, de darles comida y medicinas por falta de las cuales muchos de ellos apenas si alcanzaron el nacimiento”.
Ahora que a muchos incluso se les acabó todo lo que se robaron -empezando por el robo hecho manifiesto en la falsificación de la voluntad popular para alcanzar el poder-, porque el poder no fue eterno como pensaron y se acostumbraron muy pronto a los almuerzos maratónicos en Don Pepe, Peperoni o Cappuccino queriendo seguir un ritmo de vida que solo pueden pagar los “ladrones propietarios”, o los “propietarios ladrones”, mismos a quienes el sistema ya convirtió en vacas sagradas por mor de sus aportes para que los “advenedizos de otrora”, que no eran tan “advenedizos” como los de ahora, se convirtieran en “ladrones políticos”, o “políticos ladrones”.
Ahora, precisamente ahora, les asusta que un “nuevo propietario”, un insufrible megachopo se esté convirtiendo en codiciada manzana de homólogas bisagras políticas que, reluctantes a ser preteridas en el reparto de la financiación electoral, son capaces de presentar como candidato al propio satanás si fuere preciso.
Ahora, precisamente ahora, es que caen en cuenta de que su indiferencia política creó el monstruo no de un antivalor hecho “hombre”, sino de una masa que, habiendo sido abandonada a su suerte, lo ve como un paradigma.
Porque ustedes arrojaron a esa masa a la cueva de los leones del narcotráfico y le negaron la oportunidad de educarse, de aumentar su sentido selectivo y su capacidad crítica.
Ahora que el cronómetro de la bomba de relojería desciende vertiginosamente hacia el número cero y todo parece indicar que la explosión es indetenible.
Ahora que los que piensan se abstienen por decepción y a los que no piensan les importa un bledo que incluso desde el poder muchos quieran ser sin ser, cunde el pánico y muchos andan por ahí rasgando sus vestiduras proclamando que “eso hay que frenarlo”.
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