El 14 y 20 de junio de 1959, 198 expedicionarios intentaron derrocar la dictadura; su legado perdura
Este mes de junio se conmemoran 67 años de la gesta de Constanza, Maimón y Estero Hondo, cuando 198 expedicionarios de la Raza Inmortal intentaron derrocar la tiranía de Rafael Leónidas Trujillo. Aunque militarmente fracasaron, su sacrificio fue clave para el ajusticiamiento del dictador en 1961.
El 14 de junio de 1959, un avión Curtiss C-46 camuflageado con los emblemas de la Fuerza Aérea Dominicana llegó desde Cuba al aeródromo de Constanza con 54 hombres a bordo, miembros de la expedición armada conocida como la Raza Inmortal, comandada por el capitán Enrique Jiménez Moya y por Juan de Dios Ventura Simó.
El 20 de junio, otro grupo de expedicionarios arribó por vía marítima en dos lanchas: la Carmen Elsa, comandada por José Horacio Rodríguez, hijo de Juansito Rodríguez, con 96 expedicionarios a bordo, llegó por Maimón; y la Timina, comandada por José Antonio Campos Navarro, con 48 expedicionarios, lo hizo por Estero Hondo. En total eran 198 expedicionarios.
El factor sorpresa no funcionó, pues los planes fueron descubiertos antes. La mayoría fueron acribillados antes de salpar, otros fueron apresados, torturados y fusilados. El objetivo era realizar un plan de ataques por diferentes frentes y derrocar la tiranía de Rafael Leónidas Trujillo Molina, quien sometió a la nación por casi 31 años a la más férrea, cruel, vil y sanguinaria de las dictaduras en América y.
Aunque fueron derrotados en el terreno militar, no ocurrió así en el político y moral, pues la sangre derramada sirvió de abono y caldo de cultivo para acelerar el ajusticiamiento del tirano y el derrocamiento de la dictadura. El pasado 30 de mayo se cumplieron 65 años de ese ajusticiamiento, llevado a cabo por un grupo de hombres con arrojo, valientes y decididos.
El autor del texto subraya que se debe usar el término «expedición» y no «invasión», ya que estos héroes y mártires no vinieron a invadir el país, sino a liberarlo de la opresión. A 67 años, persiste una gran deuda moral con los héroes y mártires de la Raza Inmortal, así como con los miles de dominicanos y extranjeros que abonaron con su sangre el suelo patrio. El grado de desarrollo de un país no se mide solo por índices económicos, sino también por el desarrollo social y humano sostenido, educación, salud de calidad, cultura, avance científico y tecnológico, disminución de la pobreza extrema, políticas de viviendas, empleos, agua potable y energía.











