Denuncian que hasta 150 dominicanos han sido captados con falsas promesas para la guerra
La guerra en Ucrania ha trascendido las fronteras europeas y ha llegado a América Latina a través de redes de reclutamiento que, según el Comité Dominicano de los Derechos Humanos, han engañado a hasta 150 dominicanos con ofertas laborales y de residencia en Rusia. La práctica, que ya afecta a varios países de la región, plantea un desafío diplomático y de seguridad para los Estados latinoamericanos.
Desde la invasión rusa a Ucrania en 2014 y su escalada en 2022, Moscú ha buscado reclutas extranjeros para compensar sus pérdidas en el frente. La negativa de Vladimir Putin a ordenar una movilización masiva en las principales ciudades rusas, por el costo político, y la creciente tensión en las regiones con minorías étnicas, han llevado al Kremlin a intensificar sus esfuerzos de captación en el exterior, incluyendo América Latina.
El Comité Dominicano de los Derechos Humanos ha denunciado que hasta 150 dominicanos han sido reclutados bajo falsas premisas: les ofrecen trabajo, residencia legal y alojamiento en Rusia, pero al llegar son enviados al frente de batalla o a trabajar en fábricas militares. La red utiliza dominios web, canales de Telegram y WhatsApp, y cuentas en X e Instagram para atraer a latinoamericanos con ofertas de empleo como mecánicos, carpinteros y albañiles.
La captación no se limita a hombres. Hay programas específicos para reclutar mujeres, atraídas con programas estudiantiles o trabajos gerenciales. Una vez en territorio ruso, les arrebatan los pasaportes y las obligan a trabajar en industrias expuestas a ataques ucranianos, que las consideran objetivos militares legítimos. Cada latinoamericano fallecido en estas circunstancias es una tragedia prevenible.
Ante esta situación, el Estado dominicano debe alertar a la ciudadanía sobre los riesgos de viajar a Rusia bajo estas promesas y realizar las advertencias diplomáticas pertinentes, escalando la situación si es necesario. La comunidad internacional, y en particular los países latinoamericanos, enfrentan el reto de proteger a sus ciudadanos de estas redes de engaño que se aprovechan de sus necesidades y esperanzas para alimentar el ‘moledor de carne’ de un déspota extranjero.











