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Salud

Tumor óseo: la mayoría no es cáncer, pero el dolor persistente exige evaluación

Tumor óseo: la mayoría no es cáncer, pero el dolor persistente exige evaluaciónTumor óseo: la mayoría no es cáncer, pero el dolor persistente exige evaluación

Oncóloga de Mayo Clinic aclara diferencias entre tumores benignos y malignos y signos de alerta

A nivel mundial, los tumores óseos generan temor, pero la mayoría son benignos. Una especialista de Mayo Clinic explica cómo diferenciarlos y cuándo el dolor o una fractura leve deben motivar una consulta médica.

Un tumor óseo es un crecimiento anormal de células dentro del hueso. Puede ser benigno, no canceroso, y controlarse con el tiempo, o maligno, canceroso, y requerir tratamiento porque puede crecer, dañar el hueso o propagarse a otras partes del cuerpo. La doctora Wendy Allen-Rhoades, oncóloga pediátrica del Centro Oncológico Integral de Mayo Clinic, señala que «la clave es averiguar exactamente qué tipo de tumor o lesión tiene, para que su equipo médico pueda recomendarle la atención adecuada».

El cáncer óseo primario es diferente del cáncer que se ha propagado al hueso desde otra parte del cuerpo. Los cánceres reciben su nombre según el lugar donde comienzan: si el cáncer de pulmón se propaga al hueso, sigue siendo cáncer de pulmón, no cáncer óseo; del mismo modo, si el cáncer óseo se propaga a los pulmones, sigue siendo cáncer óseo. Esta distinción es fundamental para el diagnóstico y tratamiento.

El dolor en los huesos, músculos o articulaciones es frecuente y suele deberse a afecciones distintas del cáncer. No obstante, el dolor que empeora, no mejora, despierta a la persona o aparece con hinchazón, fiebre, pérdida de peso o cojera merece evaluación médica. En niños y adolescentes, el dolor persistente no debe descartarse como dolores de crecimiento. El dolor de espalda persistente en niños también es poco frecuente y debe evaluarse. Otra señal de alarma es una fractura tras un traumatismo leve o sin traumatismo.

El osteosarcoma es el tipo más frecuente de cáncer óseo; comienza en las células que forman los huesos y tiende a aparecer en adolescentes y adultos jóvenes, con mayor frecuencia en los huesos largos de las piernas y, a veces, en los brazos. Su tratamiento suele incluir cirugía y quimioterapia. El condrosarcoma suele comenzar en los huesos, pero a veces en tejidos blandos; aparece con mayor frecuencia en la pelvis, la cadera y el hombro, y afecta más a adultos de mediana edad y mayores. El tratamiento a menudo implica cirugía para extirpar el cáncer.

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