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Politica

Un Congreso fabuloso

Viendo el panorama que reina en nuestro país ahora mismo, quise irme a despejar la mente a una ciudad fabulosa.

Pero, como me gusta hacer la compación de lo que encuentro en el lugar y lo que tengo en mi realidad, me fui a investigar sobre cómo es el funcionamiento del Congreso Nacional de esta comunidad.

Admirada quedé cuando dentro de las informaciones obtenidas salta a la vista la independencia que tiene ese poder del Estado.

Tanto la Cámara de Diputados como la de Senadores tienen absoluto dominio de las leyes y de lo que le conviene a la sociedad.

Allí, nadie piensa en sí mismo a la hora de proteger, modificar o crear las leyes.

Actuar por el bienestar de los demás es lo que cuenta.

Los congresistas saben que hoy pueden estar sentados en una curul y mañana pertenecer a los simples mortales que se mantienen atentos a lo que suceda en el hemiciclo.

Esta poderosa razón los hace ser empáticos a la hora de desempeñar su rol como legisladores.

En caso de no cumplir con la misión que establece la Constitución, la justicia está atenta a que se pague con todo el peso de la ley (que ellos mismos crean), pues el regimen de conscuencia es una táctica preventiva que les ha dado muy buenos resultados.

Estos términos no se conocen en esta ciudad fabulosa donde todos tienen sus cuentas muy claras.

Nadie anda como “chivo sin ley”.

Tanto los ciudadanos como las autoridades deben cumplir a cabalidad con todo lo que establece su Carta Magna.

Nada de beneficiar a unos y perjudicar a otros.

Eso de que el que hizo la ley, hizo la trampa allí no funciona.

Por ello es que los legisladores tienen que hilar fino.

Cualquier “trampita” puede revertirse en su contra.

Los consensos con el pueblo ayudan a que nadie se quede con un As bajo manga para resguardarse si se equivoca.

La corrupción y la impunidad son atacadas fuertemente por las leyes, el castigo que reciben se escribe con letras grandes.

El sonido de los cacerolazos me recibió cuando regresé a mi realidad.

La protesta pacífica escenificada en diversos sectores trajo a mi mente que vivo en un país donde las leyes se confeccionan a la medida de las necesidades de quienes las crean, transforman y aprueban.

Ambas cámaras acogen los “diseños” que se les presentan y, en base a sus conveniencias, los congresistas levantan o no su mano.

Llegado el “traje” para prueba al Poder Ejecutivo, éste puede que experimente algunos cambios, remiendos o modificaciones que también se acojan a los intereses de ese poder del Estado.

El caso es que, en nuestro país, las leyes sólo son el “patrón” en el que cada “modisto” plasma su dibujo.

El pueblo debe “vestirse” con el ajuar resultante quédele grande o pequeño, porque realmente, tenemos un Congreso fabuloso.

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