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Un MVP que empañó una gran final

El BSN cerró su temporada con todo lo que una liga desea: una serie final competitiva, un séptimo partido, canchas llenas, grandes audiencias y dos franquicias que mantuvieron al público conectado hasta la última posesión.

Los Vaqueros de Bayamón conquistaron su campeonato número 18 y el BSN volvió a proyectarse como una liga sólida, atractiva y comercialmente relevante. Sin embargo, la elección del Jugador Más Valioso abrió una discusión innecesaria.

Renaldo Balkman tuvo una actuación importante. Su eficiencia, liderazgo y aporte defensivo fueron indiscutibles. En el séptimo partido realizó jugadas decisivas que ayudaron a asegurar el campeonato.

Pero una cosa es reconocer su impacto y otra sostener que fue el jugador más valioso de toda la serie.

Jassel Pérez promedió 19.6 puntos, 4.7 rebotes, cinco asistencias y 1.9 robos. Balkman terminó con 8.6 puntos, 5.4 rebotes y poco más de 20 minutos por encuentro. Además, Jassel fue el máximo anotador de Bayamón en el partido decisivo con 25 puntos.

La diferencia no está solamente en las estadísticas. Jassel asumió la responsabilidad ofensiva, generó juego y fue la figura más constante del campeón durante la final.

Por eso entiendo que la decisión afecta la credibilidad del BSN. No porque Balkman no merezca reconocimiento, sino porque el resultado es difícil de explicar bajo criterios objetivos. Mucho más cuando se conoció que la selección fue realizada únicamente por dos comentaristas de la transmisión y el dirigente de Bayamón, Christian Dalmau, quien incluso había manifestado públicamente su preferencia por Balkman.

El problema no debe reducirse a una discusión entre Puerto Rico y República Dominicana. Tampoco afirmaría, sin pruebas, que Jassel perdió por su nacionalidad. El verdadero problema es institucional: un premio importante necesita criterios definidos, un grupo de votantes más amplio, transparencia y la eliminación de cualquier posible conflicto de interés.

Lo sucedido tampoco elimina la gran temporada del BSN. Al contrario, confirma que una liga puede mostrar fortaleza comercial, llenar sus canchas y producir una final memorable, pero todavía fallar en decisiones institucionales importantes.

Para la LNB dominicana queda una enseñanza: la brecha deportiva es corta, pero acercarse definitivamente al BSN exige mucho más que competir en la cancha. Requiere transparencia, estructura, continuidad y credibilidad. Precisamente los elementos que una decisión como esta pone en discusión.

 

Por Rafael Almánzar 

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