Con 1,430 fallecidos, el país enfrenta crisis institucional, energética y financiera
Los terremotos del miércoles en Venezuela han dejado al menos 1,430 muertos y 3,238 heridos, desatando la mayor emergencia humanitaria de su historia reciente. El desastre expone problemas de fondo que marcan la tendencia regional.
Con al menos 1,430 fallecidos, unos 3,238 heridos y una vasta destrucción material, los terremotos que golpearon Venezuela el pasado miércoles han desatado la mayor emergencia humanitaria de la historia reciente del país y puesto de relieve problemas estructurales acumulados durante décadas.
La magnitud de los daños ha puesto a prueba a un aparato estatal que arrastraba un prolongado deterioro institucional, deficiencias en el mantenimiento de infraestructuras y limitaciones operativas. Las dificultades para rescatar víctimas, movilizar ayuda y restablecer servicios básicos evidencian que el país no estaba preparado para afrontar una catástrofe de esta dimensión.
La llegada masiva de heridos ha desbordado hospitales y centros de salud en varias zonas afectadas, reavivando problemas denunciados desde hace años por gremios médicos y organizaciones humanitarias, como la escasez de suministros, el deterioro de equipos, el déficit de personal y las dificultades para atender emergencias complejas. Los terremotos también han golpeado un sistema eléctrico debilitado por recurrentes fallas, apagones y falta de inversión, complicando las labores de rescate, la atención hospitalaria y las comunicaciones con comunidades aisladas.
Pese a poseer las mayores reservas probadas de petróleo del planeta, Venezuela produce actualmente alrededor de 1,2 millones de barriles diarios, muy por debajo de los más de 3 millones que llegó a extraer en sus años de mayor bonanza. Además, el país continúa registrando una de las inflaciones más elevadas del mundo; el Fondo Monetario Internacional (FMI) proyecta una tasa media del 387,4 % para 2026. Venezuela afronta esta situación con severas restricciones de financiamiento y una pesada deuda externa. Según informó el Financial Times, el país tiene previsto dar a conocer una deuda acumulada de 240.000 millones de dólares, una cifra superior a las estimaciones previas del mercado, que la situaban entre 150.000 y 200.000 millones. El diario británico señaló que la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, busca alcanzar un acuerdo con los acreedores antes de finales de año para facilitar el regreso de Venezuela a los mercados internacionales, tras casi una década de exclusión. El proceso, considerado por el periódico como la mayor reestructuración soberana de la historia, se desarrolla además fuera del marco habitual del FMI, lo que ha generado dudas entre la oposición y algunos inversores. A este panorama se suman los efectos de las sanciones impuestas durante años por EE.UU. y otros países, que limitaron el acceso de Venezuela al crédito, la inversión y los mercados financieros, especialmente en el sector petrolero. Aunque Washington ha relajado parte de esas restricciones tras la captura de Nicolás Maduro y el reconocimiento del Gobierno de Delcy Rodríguez, la economía venezolana sigue arrastrando las secuelas de años de aislamiento financiero y deterioro productivo. La emergencia también ha puesto de manifiesto el peso de las relaciones exteriores.










