Contrato | El modelo que desarrolla Israel Alexis Zaballa López en One Trade S.A.
se apoya en un plazo poco habitual: el rendimiento del 8% anual no se fija por uno ni por dos años, sino por contrato durante quince.
Alexis Zaballa explica la importancia del largo plazo en Real Estate Creado: 22.06.2026 | 10:00 Actualizado: 22.06.2026 | 10:00 En la inversión, casi toda la atención se la lleva el número.
Cuánto rinde.
Qué porcentaje.
Cuánto más que el plazo fijo, que la inflación, que el vecino.
El plazo, en cambio, suele pasar inadvertido.
Y muchas veces dice más que el rendimiento.
Un contrato corto habla de una relación breve.
Uno largo obliga a las dos partes a pensar distinto, porque las ata por más tiempo del que dura cualquier entusiasmo inicial.
El modelo que desarrolla Israel Alexis Zaballa López en One Trade S.A.
se apoya en un plazo poco habitual: el rendimiento del 8% anual no se fija por uno ni por dos años, sino por contrato durante quince.
Quince años es mucho tiempo.
Lo suficiente para atravesar varios ciclos económicos, gobiernos, crisis y recuperaciones.
Pocos sectores piensan en plazos tan largos.
La mayoría de las inversiones que se le ofrecen a un ahorrista promedio se miden en meses o, a lo sumo, en pocos años.
Fama y Vida El Nacional Un horizonte de quince años pertenece a otra categoría mental: la de las decisiones que se toman pensando en una etapa de la vida, no en una coyuntura.
Y eso, dice Zaballa, cambia la conversación.
Un compromiso a quince años no se sostiene con una buena temporada.
Obliga a pensar en términos de operación sostenida: cómo se va a pagar ese rendimiento no el primer año, cuando todo es nuevo, sino el octavo, el décimo, el decimocuarto.
Por eso, sostiene, el plazo largo es también una forma de disciplina.
Una empresa que se obliga por quince años no puede darse el lujo de crecer más rápido de lo que su estructura aguanta.
Esa es una idea que repite.
«El mayor riesgo no es vender.
El mayor riesgo es crecer más rápido que la capacidad operativa.» El horizonte largo, en su lectura, es lo que mantiene esa tentación a raya.
Si el compromiso fuera corto, sería fácil prometer mucho y desaparecer.
A quince años, no hay forma de esconderse.
También cambia el tipo de inversor que se acerca.
El plazo largo espanta al que busca el golpe rápido y atrae al que piensa en otra escala: un ingreso complementario para los próximos años, un resguardo para la jubilación, algo para dejarle a los hijos.
Ese plazo también redefine qué significa que el modelo «funcione».
No alcanza con un buen arranque.
El examen real llega después, cuando la novedad se gastó y lo único que queda es la obligación de seguir pagando.
Un modelo se luce el primer año; se prueba, dice Zaballa, en el décimo.
Es un público que no mide el éxito por la velocidad, sino por la constancia.
Y que, por lo mismo, pregunta distinto: no cuánto voy a ganar este año, sino qué garantías tengo de que esto siga en pie dentro de una década.
Zaballa parece cómodo con esa pregunta.
Quizás porque empuja la conversación hacia donde él quiere llevarla: a la estructura, no a la promesa.
Hay, claro, una contracara.
Un plazo largo es también un compromiso largo para el inversor, y la liquidez de un activo inmobiliario nunca es la de una acción que se vende en un día.
Comprometerse por tanto tiempo obliga, además, a una honestidad que los plazos cortos permiten esquivar.
Nadie atraviesa quince años sin imprevistos, y un contrato a ese plazo tiene que contemplar escenarios que uno breve puede ignorar.
Por eso, dice, importa tanto la letra: qué pasa si un año la operación no rinde, cómo se sale, quién responde.
El plazo largo no se sostiene en el optimismo, sino en las cláusulas que prevén lo que puede salir mal.
El modelo intenta atenuarlo con opciones de salida (recompra o cesión según contrato, reventa en el mercado secundario), pero ninguna convierte al activo en algo líquido de un día para otro.
Eso también hay que decirlo, y la propia empresa lo dice.
Alexis Zaballa explica la importancia del largo plazo en Real Estate Quince años, entonces, no son solo una cifra contractual.
Son una declaración de intenciones en las dos direcciones: la empresa se ata, y le pide al inversor que se ate.
En un mercado acostumbrado a lo inmediato, a la ganancia rápida y también al desencanto rápido, proponer un vínculo de quince años es casi una rareza.
Pero ahí, insiste Zaballa, está buena parte del sentido.
La confianza, dice, no se construye en una temporada.
Se construye sosteniendo lo mismo, año tras año, cuando ya nadie aplaude la novedad.
Hay algo más que el plazo largo deja en evidencia: la importancia de quién firma.
A quince años, la solidez de la empresa que asume el compromiso pesa tanto como el porcentaje prometido.
Por eso, en su lectura, el inversor debería mirar menos el número y más la estructura que lo sostiene.
Es, casi, una invitación a desconfiar del propio atractivo del 8%.
El número, al final, es lo que primero mira el inversor.
El plazo es lo que mejor revela qué tan en serio lo dice quien lo ofrece Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación Lo más reciente Lázaro Medina Familia El Nacional Agencia EFE Anibelca Martínez El Nacional.











