Durante décadas, la relación entre la y su se sostuvo sobre un mismo pilar: las.
Gracias al sacrificio de millones de dominicanos que emigraron en busca de oportunidades, cientos de miles de pudieron construir una vivienda, educar a sus hijos y levantar pequeños negocios.
Ese esfuerzo silencioso cambió la historia económica del país.
Pero toda transformación tiene un ciclo.
Y ha llegado el momento de formular una : ¿qué ocurrirá cuando las dejen de crecer? No porque nuestros hijos y nietos en el exterior amen menos a la , sino porque las ya no mantienen el mismo con familiares que permanecen en el país.
Es la evolución natural de toda.
Ignorarla sería un error estratégico.
Durante los últimos días recorrí en y.
Lo que encontré confirma que la respuesta no está en intentar preservar el modelo anterior, sino en construir uno nuevo.
La ya no puede definirse únicamente como una comunidad de migrantes.
Hoy es una comunidad de propietarios, profesionales, empresarios y líderes públicos.
Según me explicó el alcalde de Lawrence, , alrededor del 87 % de las propiedades de esa ciudad pertenecen a dominicanos.
Esa evolución también se refleja en sus : Frank Moran, miembro del liderazgo de la de y el legislador dominicano de mayor trayectoria en ese estado; Pavel Payano, primer dominicano electo al Senado de ; y Ana Quezada, una de las dos únicas dominicanas que han alcanzado un escaño en un Senado estatal de los.
En Lawrence, además, ocho de los nueve miembros del Concejo Municipal son de origen dominicano.
Hay una lección poderosa detrás de esa transformación: nadie progresa bajo un , excluyente y lleno de privilegios irritantes.
Cuando al dominicano se le ofrecen reglas claras, e que funcionan, responde con trabajo, emprendimiento y creación de riqueza.
No cambió el dominicano; cambió el sistema.
Este tema también tiene para mí una dimensión profundamente personal.
Nací en los.
A los seis meses de edad llegué a , donde crecí.
Mi madre emigró siendo adolescente junto a mis abuelos y trabajó durante años como obrera en una planta de.
Como millones de dominicanas, la mía conoce el sacrificio de la migración y el profundo vínculo que durante décadas unió a quienes se fueron con quienes permanecieron en el país.
Por eso creo que ha llegado la hora de construir la de nuestra : pasar de una relación sustentada principalmente en las a otra basada en la , el comercio, el conocimiento y la de riqueza.
Esa transición exige una.
Primero, ofrecer reales para la , especialmente la inmobiliaria, erradicando los fraudes, los falsos títulos y los proyectos inconclusos que han lesionado la confianza de tantos dominicanos en el exterior.
Segundo, convertir a la en un destino competitivo para el retiro, facilitando la portabilidad de pensiones y promoviendo mecanismos de coordinación en materia de seguridad social y cobertura médica.
Tercero, desarrollar un moderno que permita canalizar hacia la economía dominicana el ahorro de miles de compatriotas que hoy invierten en el S&P 500, fondos indexados y otros instrumentos financieros, creando una verdadera ventana para invertir en el del país.
Y cuarto, sustituir el enfoque clientelar por una auténtica de Estado, institucionalizando una agenda bienal de trabajo con el liderazgo económico, profesional, político y comunitario de nuestra.
La hacia los dominicanos en el exterior no puede seguir descansando en nombramientos o favores.
Debe construirse sobre , incentivos y reglas claras.
La no necesita un Estado que la administre; necesita un Estado que confíe en ella y le abra espacios para contribuir al nacional.
La de nuestra ya comenzó.
La decisión que debe tomar la es si seguirá viendo a sus dominicanos en el exterior como remitentes de dinero o si, por fin, los reconocerá como lo que realmente son: una de las mayores de la nación..











