El impacto silencioso de la guerra comercial
Los gravámenes aduaneros que enfrentan las compañías de tamaño intermedio en territorio estadounidense se han disparado al triple en apenas doce meses, conforme a una investigación difundida por el JPMorganChase Institute. Este hallazgo contradice frontalmente la narrativa oficial que sostiene que son los exportadores foráneos quienes absorben el costo de las tarifas.
El análisis, liderado por Chi Mac, director de investigación empresarial del instituto, pone de relieve que 48 millones de trabajadores dependen de estas empresas, precisamente el segmento que el presidente Donald Trump prometió revitalizar con su agenda de proteccionismo comercial. Los datos revelan un panorama preocupante para el tejido productivo nacional.
Consecuencias en cadena para el sector productivo
Las compañías afectadas enfrentan un dilema complejo: trasladar el sobrecosto a los consumidores mediante alzas de precios, reducir la contratación de personal o resignarse a márgenes de ganancia cada vez más estrechos. En palabras de Mac, «ese es un gran cambio en su costo de hacer negocios».
Los datos también sugieren un desacoplamiento progresivo del comercio con China, cuyas transacciones cayeron un 20% respecto a octubre de 2024. No obstante, los investigadores advierten que resulta prematuro determinar si se trata de una reconfiguración genuina de las cadenas de suministro o de un simple desvío de mercancías a través de terceros países asiáticos.
El informe se suma a un corpus creciente de evidencia empírica que desmonta el argumento de que los aranceles son pagados por el extranjero, subrayando en cambio la presión fiscal y operativa que soporta el empresariado nacional. La investigación del banco estadounidense representa uno de los análisis más contundentes hasta la fecha sobre el verdadero costo doméstico de la política comercial de Washington.









