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Educacion

¿Cómo construir una conversación efectiva entre familia y escuela?

La comunicación entre la familia y la escuela enciende el espíritu de cada estudiante.

El advenimiento de esa alianza indisoluble y estratégica produce el gran cenit del aprendizaje significativo en el alumno.

El estudiante es el mayor beneficiado cuando se establece la comunicación asertiva entre padre, hijo y docente, generando confianza, garantizando el desarrollo académico del estudiante, y es allí, donde el alumno refleja las capacidades del docente.

Una comunicación efectiva entre los actores de la comunidad educativa siempre fortalece el ritmo de aprendizaje del niño o adolescente.

Es la palanca que empuja sutilmente a su hijo en los diversos procesos hasta alcanzar las competencias del nivel.

Cuando un estudiante logra subir un nuevo peldaño en el curso siempre está detrás una familia que ofrece sus lomos, sus manos de par en par y un corazón hinchado de amor en el acto más hermoso que un individuo puede dar, y es la de liberar a otro de la ignorancia que ata a la esclavitud y que hizo sufrir tanto en los siglos pasados a la humanidad.

La chispa que enciende la mente del estudiante tiene sus raíces en un buen diálogo en el hogar y la escuela.

Son los padres quienes ofrecen soporte y confianza a sus hijos en la dinámica de construir nuevos sueños, nuevos desafíos en la búsqueda de un futuro sostenible de cada estudiante.

Una comunicación recíproca fortalece el vínculo de la familia con la escuela, colabora al rendimiento escolar de sus hijos, evita las repitencias en los cursos, los ausentismos y la deserción escolar que generalmente concluye con los niños en la calle.

Según Paulo Freire, pedagogo brasileño del siglo XX, señala lo siguiente en su tesis: Pedagogía de la Autonomía: Saberes necesarios para la práctica educativa: “No hay docencia sin discencia.

La escuela no puede aislarse del mundo donde vienen los alumnos.

La relación entre educadores y educandos se hace más sólida cuando la familia, como primer espacio educativo dialoga con la escuela.

Es preciso que padres y madres participen, no para fiscalizar, sino para compartir con la escuela el sueño y la responsabilidad de educar.

Cuando la escuela cierra sus puertas el mundo de la familia termina enseñando a medias, porque olvida que el niño llega al aula trae consigo la historia de su casa, sus valores y sus esperanzas” El problema no es la falta de contacto entre familia y la escuela, sino más bien es al impacto en la calidad de la conversación entre ambas partes.

Dejar de ver a la familia como entidad receptora de información, sino colocarla en la parte primordial en la toma de decisiones que se dan constantemente en la escuela.

Una buena comunicación entre padres y docentes proporciona la ubicación correcta en tiempo real del rendimiento de su niño, sus competencias logradas y aquellas que están en proceso del nivel que cursa.

Además, aporta un paquete de esfuerzos conjunto en la consecución de construir los sueños de sus hijos, evitando que los encuentros entre ambas partes no se diluyan en anécdotas o en defensas pueriles de cada actor de la comunidad educativa..

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