La enseñanza del ajedrez en los niños es un tema delicado en el cual se debe conjugar, el desarrollo del talento ajedrecístico con su crecimiento y madurez como ente social.
Por experiencia como jugador, profesor y entrenador durante años, y en diferentes espacios, puedo afirmar con conocimiento de causa que no se debe menospreciar la formación integral de los alumnos, atendiendo y valorando solamente el aspecto técnico del juego.
Para el profesor no solo basta con enseñarle los rudimentos y técnicas más avanzadas; ni que el alumno aprenda el Mate del Pastor, Gambitos, trucos de Aperturas, patrones de Táctica, Mates básicos y Finales prácticos.
Es indispensable utilizar el ajedrez como instrumento para enseñarle valores que faciliten su crecimiento personal.
La formación integral de los infantes ajedrecistas, favorece su progreso como jugador: aprende a respetar al rival, ser humilde en la victoria, disciplinado en el entrenamiento y poseer cordura ante la toma de decisiones en una partida.
Asimismo, su desarrollo como persona le enseña a ser honesto, responsable y perseverante ante sus tareas ajedrecísticas.
Los profesores no solo deben velar porque su discípulo gane torneos y medallas, suba el rating u obtenga un preciado título.
Deben evitar que con los éxitos se vuelvan orgullosos, arrogantes y malos perdedores, incluso inculcarle, que con sus glorias no olviden sus memorias.
Un niño que aprende solo a ganar puede crecer creyendo que es superior a sus colegas; pero otro que aprende valores gracias al ajedrez reconoce que cuando pierde, también gana y además, le permite ser empático con otros jugadores y valorar a padres, entrenadores y a quienes apoyan su potencial evolución como ajedrecista.
Un terrible elemento que presentan los niños que obtienen frecuentes éxitos ajedrecísticos es que pueden elevar demasiado su “ego”, que entre otros daños, implica que no reconozca sus errores y querer siempre imponer su criterio; entonces deja de escuchar a sus entrenadores y su progreso se detiene.
El jugador con elevado ego puede quedarse atrapado en sus propias certezas, ignorando que el conocimiento abre puertas, que la humildad permite atravesarlas y que cada derrota se convierte en una lección para quien está dispuesto a progresar en el difícil mundo de las torres y los alfiles.
El ego gana discusiones pero la humildad posibilita encontrar la mejor jugada y ganar partidas y es la pieza que permite el progreso como ajedrecista; quien aprende a dominar el ego, aprende a elevar su nivel de juego.
La tarea del profesor consiste en desarrollar el talento de los niños y a su vez, utilizar el ajedrez como herramienta de crecimiento personal y sobre todo, alejarlo de posiciones egocentristas que indudablemente afectarán su conducta social y su progreso en el Juego Ciencia.
En realidad el profesor debe transmitirles humildad a sus alumnos y rechazar categóricamente cualquier señal de egocentrismo ajedrecístico.
Asimismo, se le debe enseñar el ajedrez como un juego de caballeros que fomenta valores muy positivos en su comportamiento dentro y fuera del salón de juego.
Se dice que “si el alumno no supera al maestro, ni es bueno el alumno, ni es bueno el maestro”; estimo que la afirmación del refrán se cumple a su debido tiempo, en determinadas condiciones y alejada totalmente del característico egocentrismo que se puede presentar en algunos alumnos.
Tags relacionados LAS MÁS RECIENTES 14 de junio.











