Desde pequeño te educan para que hagas las cosas bien, seas responsable con tus deberes, exijas tus derechos, cumplas con tus obligaciones de pago y realices tus labores, para que, de igual manera, te respondan a ti con la puntualidad del sueldo, así como que los servicios no te fallen (o eso es lo que uno pretende).
Un día eres empleado; al otro día te ves sin ese trabajo y tienes que plantearte si salir a buscar una oportunidad en otra empresa realizando la misma labor o te arriesgas a emprender.
Es ahí donde todo pasa de ser una simple idea para convertirse en una realidad.
En principio debes empezar desde poquito, con el capital que tienes, para no perder más tiempo y no ver cómo se diluye como la arena.
Aunque, si eres más arriesgado, puedes solicitar un préstamo para iniciar con un buen fondo para tu proyecto.
Esto dependerá del tipo de emprendimiento o negocio que deseas realizar.
Puede ser que en ese proceso quieras o necesites estar formalizado.
¿A qué nos referimos con eso? Bueno, tienes que registrarte en la Dirección General de Impuestos Internos (DGII), aunque muchos prefieren obviar este paso al principio, hasta que la empresa empiece a generar beneficios o tu crecimiento sea tal que los clientes te lo exijan.
Es ahí donde se inicia el primer arrepentimiento de tu vida adulta.
Ojo, con esto no estoy diciendo que no cumplamos nuestros deberes como ciudadanos.
La verdad es que se siente bien poder cumplir con ese deber al final del día; el asunto es cómo ocurre todo.
También está el registro del nombre en la Oficina Nacional de Propiedad Intelectual.
Este conlleva un pequeño pago y, si te constituyes como empresa, debes pasar por la Cámara de Comercio de Santo Domingo (o de la provincia donde te encuentres) para registrarte.
Este proceso también lleva un procedimiento y un pago.
Ya están viendo que iniciar un negocio no es algo tan inspirador, sencillo y sin muchas trabas; todo lo contrario.
El Estado siempre habla de Burocracia Cero, pero nada más falso que eso.
Una vez que decides, o te impulsan, a profesionalizar tus servicios —lo que llamamos formalizarnos— empieza el calvario en muchos casos.
En la DGII existen varias razones para inscribirte, ya sea como persona física o como empresa formal.
Ambas opciones tienen sus ventajas y desventajas.
Muchos inician como persona física, ya que es una forma rápida y menos invasiva de tributación, aunque debes cumplir casi los mismos requisitos; solo que el monto es un poco menor.
Sin embargo, gracias al plan anticrisis recién entrado en vigencia, ya estaremos casi a la par con el régimen de empresa.
Paso a explicar para aquellos que ofrecen servicios y tienen su emprendimiento y aún no se han decidido por formalizarse (evítenlo; es una broma).
Como persona física, me contratas para realizarte un trabajo.
Al momento de facturar, habíamos acordado que tendría un monto de 100 mil pesos.
Esto no incluye el 18 por ciento que debes pagar de impuestos, el cual debe asumir el proveedor del servicio y debe estar especificado en la cotización desde el inicio.
Hasta ahí vamos a flote.
Envías la factura de un trabajo que, dependiendo del tipo de servicio que brindas, puede tomarte un día, una semana o un mes.
Lo ideal sería que cobraras entre un 30 y un 50 por ciento del trabajo por adelantado, pero estamos en RD y a las empresas les cuesta realizar este tipo de adelanto.
Aun así, repito, dependerá del trabajo que realices.
Una vez finalizada tu parte, llega uno de los mayores dolores de cabeza para nosotros, los emprendedores: el momento en que ya enviaste tu factura y esperas que procedan a realizar el pago.
Es aquí donde una microempresa puede incluso acortar su vida útil o endeudarse para poder mantenerse a flote, ya que, regularmente, en el mejor de los casos, puede recibir el desembolso de esos recursos en 30 días, pero este puede extenderse a 60, 90, 120 días y quizás hasta más.
Entonces, no obstante ese período de tiempo durante el cual debes descapitalizarte para sostener los servicios, de esos 100 mil pesos que facturaste solo recibirás 85 mil.
Antes eran 90 mil, pero, repetimos, con la entrada en vigencia del nuevo reajuste, perjudicial para los que somos personas físicas, pasamos de una retención del 10 al 15 por ciento.
Y no crean que esto se queda ahí.
Debes tomar en cuenta que tienes que reportar cada peso al fisco.
Con la facturación electrónica es casi imposible que puedas engañarlos.
Por tanto, debes pagar un contador que lleve tus números mensuales.
Supongamos que de esos 100 mil pesos, que en realidad son 85 mil, debes pagar 5 mil para ese proceso.
Ya hay 20 mil menos.
De esos 80 mil restantes debes sacar un porcentaje para el pago de la declaración fiscal que se presenta cada año, la cual corresponde a la suma de tus ganancias anuales, con base en una escala que tiene la DGII.
Si sobrepasas ese monto límite, debes empezar a pagar y, dependiendo de tus ganancias, de eso dependerá el monto del anticipo que debes cubrir.
Y, como su nombre lo indica, se paga por adelantado.
Para las personas físicas esto no acepta acuerdos de pago, por lo que, si no puedes pagarlo en los tiempos establecidos, se generan mora y recargos, y no puedes facturar porque estás en deuda.
Entonces mi pregunta es: ¿formalizarse para qué? Lamentablemente, cada vez que hay una reforma fiscal, los emprendedores llevamos una carga pesada, porque somos la primera parada a la hora de aumentar los cobros de impuestos.
Es una ardua labor poder escalar en un sistema que, mientras menos tienes, más te quita; te saca y te quita, te saca y te quita, y así indefinidamente por el resto de nuestra existencia.
Tags relacionados LAS MÁS RECIENTES california los ángeles.











