Aquí hay dos temas.
La educación integral, para ser buenos ciudadanos y personas de bien.
Esto se explica en sí mismo.
Y la educación para navegar la era que se nos viene encima.
Nuestras universidades, construidas con reglas curriculares de un ministerio que no se renueva, han hecho lo que han podido insertando materias de tecnología acá y allá, pero sin lograr implementar una reforma curricular que realmente mire lo que está pasando afuera, en el mundo real, y otorgue las competencias que permitirán sobrevivir a la oleada de estudiantes que están ingresando a cursar estudios superiores, pues en nuestro país, eso todavía es una garantía de empleo.
¿Qué pasará con las Humanidades y con las Ciencias y con el Derecho, como los conocemos? El cuerpo de conocimientos base, permanece.
Cambia cómo se aplica, cómo se entiende, cómo se transmite.
Pero eso no se está enseñando en las universidades, se está aprendiendo sin un esquema definido, aquí y allá, fuera del aula.
Y hay algo que me preocupa aún más y que debe fortalecerse: la capacidad de pensar.
Aunque parezca mentira, esto, consciente o inconscientemente se está delegando cada vez más a la IA.
Y no solo tareas operativas.
También razonamiento, análisis, redacción, síntesis y hasta criterio.
Imaginemos el peor escenario: en un futuro no tan lejano, un día amanecemos sin acceso a ninguna herramienta de IA, por falta de Internet o electricidad o un hackeo a los sistemas…
¿qué pasaría entonces? ¿seríamos capaces de “pensar” por nosotros mismos? ¿o seríamos como esos autómatas que se ponen en modo hibernación cuando les falla la batería? Creo firmemente que el sistema educativo, básico y superior, debe abocarse a una revisión radical de qué y cómo está enseñando para este futuro híbrido que ya llegó.
Sea por dejadez, por comodidad, por burocracia, por dar más importancia a la forma que a los contenidos o por simple ineptitud, estamos frente a una situación de producción de ciudadanos de segunda y tercera categoría, que tendrán un futuro laboral así mismo: de segunda o tercera categoría.
Y estoy siendo optimista.
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