Cómo la Ley 5724 transformó un ícono de la dictadura en memoria colectiva
El Monumento a los Héroes de la Restauración, antes Monumento a la Paz de Trujillo, es un caso emblemático de resignificación patrimonial. Su historia refleja el tránsito de un régimen autoritario a la democracia y la capacidad de una nación para reinterpretar su pasado.
La construcción del monumento comenzó el 30 de abril de 1944, en el centenario de la Independencia Nacional. El arquitecto Henry Gazón Bona concibió una torre neoclásica de 70 metros sobre el valle del Cibao, supervisada por el ingeniero Mauricio Álvarez Perelló y el constructor Julio César Menicucci Rodríguez. Se empleó mármol de Samaná y concreto reforzado, y su escalera de 365 peldaños simbolizaba, según la propaganda oficial, cada día del año bajo el ‘cuidado’ del gobernante.
Inaugurado el 30 de septiembre de 1953 como Monumento a la Paz de Trujillo, el interior albergó 18 murales del pintor español exiliado José Vela Zanetti entre 1952 y 1953. Una de esas obras, donde un hombre rompe cadenas, disgustó a Trujillo, quien según la tradición casi no asistió a la inauguración.
Tras la caída del régimen el 30 de mayo de 1961, el Congreso Nacional aprobó la Ley 5724 el 7 de noviembre de 1961, que rebautizó el monumento como Monumento a los Héroes de la Restauración. La estatua ecuestre de Trujillo fue retirada y el lugar pasó a honrar la Guerra de la Restauración de 1863–1865.
Hoy el monumento consagra la memoria de Gregorio Luperón, Gaspar Polanco, Benito Monción y cientos de héroes anónimos. Los murales de Vela Zanetti, restaurados parcialmente desde 2024 por el Ministerio de Cultura, son un testimonio artístico de la transformación simbólica.












