Control huta del estrecho de Bab el Mandeb dispara el petróleo y sacude la economía global
La guerra en Yemen se intensifica con un intercambio de acusaciones entre los hutías y Arabia Saudita por un ataque con dron contra La Meca, mientras el control huta del estrecho de Bab el Mandeb amenaza el comercio mundial y dispara los precios del petróleo.
Los hutías de Yemen informaron de nuevos ataques aéreos saudíes el miércoles, mientras Riad acusaba al grupo proiraní de lanzar un ataque «cobarde» con un dron contra la ciudad santa del islam, La Meca. Los hutías tacharon de «mentira» el comunicado de Riad a primera hora de la mañana, en el que afirmaba haber derribado un dron que se dirigía a La Meca, acusación que desencadenó la indignación en todo el mundo musulmán.
Después de años de tregua en la guerra civil, Yemen fue arrastrado en julio al conflicto en Oriente Medio, desencadenado a finales de febrero por una ofensiva estadounidense e israelí contra Irán. Los hutías, enfrentados desde 2014 al gobierno reconocido internacionalmente y respaldado por Arabia Saudita, tomaron la semana pasada el control de la costa yemení que bordea el mar Rojo, reforzando su control sobre el estratégico estrecho de Bab el Mandeb. Esto pone en jaque las exportaciones de petróleo de Arabia Saudita, el mayor exportador del mundo, cuando los precios del petróleo cotizan ahora por encima de los 100 dólares el barril, una escalada que amenaza la economía mundial.
Arabia Saudita afirmó que sus defensas aéreas destruyeron el martes «un dron hostil lanzado por la milicia terrorista huta antes de que ingresara al espacio aéreo restringido de la capital sagrada» del islam. La coalición liderada por Arabia Saudita que respalda al gobierno yemenita reconocido por la comunidad internacional advirtió que «la seguridad de las dos mezquitas sagradas y de sus visitantes constituye una línea roja». Un residente de La Meca que pidió el anonimato declaró a la AFP: «Vi a algunas personas entrar en pánico y correr hacia la ventana para ver qué había ocurrido. Creo que el sistema de alarma creó el pánico (…) La vida sigue con normalidad en La Meca, ya hubo otros incidentes en la ciudad, este no es el primero».
La Organización para la Cooperación Islámica (OCI) condenó de inmediato los ataques que afirma que «profanan la santidad de los lugares sagrados y las mezquitas, y hieren los sentimientos de los musulmanes de todo el mundo». Por su parte, el secretario general de la Liga Árabe, Nabil Fahmy, afirmó que «atentar contra la seguridad de La Meca y contra el carácter sagrado de los lugares santos del islam constituye un hecho de extrema gravedad». Hazem al Asad, miembro del comité político de los hutías, desestimó la acusación, que tachó de una «mentira» gastada que ya se ha utilizado antes y «no engaña a nadie».
Los combates han dejado cientos de muertos y al menos 100,000 desplazados, según cifras del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Ali, de 40 años, huyó de su hogar en la ciudad costera yemení de Dhubab en medio de los temores por los combates y las explosiones. «Había disparos por todas partes, estábamos completamente indefensos, sin comida ni agua», relató el hombre, que no tuvo más remedio que huir en barco por el mar en una travesía de un día hasta Yibuti, en el Cuerno de África. «Los aviones volaban sobre nosotros. Todo estaba devastado. No tuvimos más remedio que huir», dijo.









