Desde muy niño tuve la dicha de viajar constantemente por el territorio nacional, al ser tanto mi madre como mi padre oriundos de provincias -de San Francisco de Macorís mi mamá y mi papá de Salva León de Higüey- eso me marcó definitivamente, pues constantemente se rodaba por las carreteras, todos los meses se viajaba a uno de los dos pueblos a visitar familia o a resolver asuntos relacionados con la familia, lo que para no dar muchos detalles mis padres llamaban “diligencias familiares”.
Al recordar los coloridos pasajes de esa etapa de mi vida, siempre termino pensando que evidentemente el mundo era mucho más físico, y ya sea por puro alarde romántico o por esa irreprimible -en mí- voluntad poética, me salta a la memoria el recuerdo de un viaje por distintas provincias del Cibao, estrenando un carro que mis padres habían adquirido y que iba a terminar para siempre con el problema de viajar en un carro siendo una familia numerosa, pues el nuevo carro tenía una cabina extra, en la que cómodamente podríamos viajar aunque fuéramos 7, con bultos, mascotas y muchas veces con un pasajero extra, la muchacha del servicio o algún primo o amigo que se sumara a última hora a nuestra travesía.
Cuando yo preguntaba a dónde íbamos este fin de semana o quién vivía en esos pueblos a los que íbamos, siempre recuerdo la expresión de mi mamá: -Muchacho, no preguntes tanto, es a turistear que vamos.
Nunca olvido que el estado de las carreteras siempre afectaba el humor de los viajantes, sobre todo para quienes les tocaba ir en la cabina extra, que siempre la llamábamos cajuela, y que en muy poco tiempo dejó de ser un lugar deseado para viajar, pues realmente no eran hecho para pasajeros y era el lugar en que iba la rueda de repuesto, y como los trillizos éramos los más pequeños, siempre nos tocaba a uno de nosotros ir atrás.
Pero más allá de las incomodidades físicas que resultan de ser sin dudas una familia numerosa, fueron viajes extraordinarios llenos de anécdotas familiares que resisten el paso del tiempo.
Recuerdos de viajes familiares por el Cibao
Algo que en muchas ocasiones se convierte fácilmente en tema de conversación en reuniones familiares, pues de uno u otro modo todos hemos tenido o vivido algo similar.
Recuerdo ahora particularmente que nos montamos en el teleférico de Puerto Plata, una cabina de hierro, pendiente de gruesos cable que casi a empujones subía una montaña con la promesa de llegar al cielo, simplemente a un paraje más arriba, y luego el descenso, con esa sensación al pisar otra vez tierra que hace pensar, yo no voy ni loco a besar la tierra, pero no es para menos.
Al revivir lo aparatoso y milagroso de esa llegada a tierra, uno no puede dejar de dudar que el hombre alguna vez llegara a la luna y claro, hay que poner esa canción del grupo R.E.M.
que dice: Do you believe they put a man on the moon? Tags relacionados LAS MÁS RECIENTES crisis haití LEIDSA brasil grandes ligas.










