Tras dos días y dos noches en el mar, las lanchas regresan lentamente al embarcadero de , en la costa del de.
Los descargan neveras repletas de róbalos, pargos y otras especies que acomodan sobre bandejas con hielo mientras los compradores recorren el muelle buscando el mejor precio.
Entre el pescado aparecen también pequeños tiburones.
La mayoría apenas alcanza unas decenas de centímetros de longitud.
Hay , de punta negra, punta de zapato y mamón, aunque en estas aguas también se ha registrado la presencia de especies como el y el tigre.
Muchas son que quedaron atrapadas accidentalmente en las redes mientras los buscaban otras especies comerciales.
La ha sido buena.
La venta permitirá aliviar, al menos por unos días, la de varias.
Para , pescador desde hace más de tres décadas y hoy monitor comunitario de la , el nunca ha sido una captura que se desperdicie: «Casi que toda clase de especie, porque si es el , también lo filetean para comercializarlo, para comerlo; es muy buena la carne, porque yo la he comido también, se hace empanizado, se hace ceviche, es delicioso el «.
Como la mayoría de de , Zelada creció viendo al como un recurso más del mar.
Solo años después, al integrarse como monitor comunitario de la , comenzó a conocer el papel ecológico que estas especies desempeñan como , indispensables para mantener el equilibrio de los ecosistemas marino-costeros.
Esa falta de conocimiento sigue siendo uno de los principales retos para la.
Solo en , la registró la de 10.003 tiburones y rayas en la costa del de.
Lo que ocurre en refleja una tendencia global.
De las más de 130 naciones en cuyos mares habitan tiburones, el martillo figura entre las especies más amenazadas.
Según la , sus poblaciones han disminuido alrededor de un 80% en las últimas tres generaciones, una reducción que llevó a clasificar al común como especie.
Aunque todavía no existe una estimación precisa del número de individuos que sobreviven en libertad, la tendencia es clara: cada vez son menos. Y, sin embargo, sigue siendo uno de los lugares clave de su ciclo de vida. Entre sus del nacen cientos de cada año, convirtiendo a estos bosques salobres en un eslabón fundamental para la supervivencia de una de las especies más emblemáticas y amenazadas de los.
Si la representa el principal sustento económico de las costeras, la enfrenta un reto que va más allá de.
Para la , proteger a los tiburones también implica cambiar la manera en que las nuevas generaciones entienden el mar.
Bajo esa premisa nació el Club de , una iniciativa de educación ambiental dirigida a las hijas e hijos de los de.
Cada semana, la ingeniera ambiental deja atrás el ritmo de Ciudad de y recorre cerca de tres horas por carretera hasta llegar a la.
Poco antes de las nueve de la mañana, un pequeño grupo de niñas, niños y adolescentes comienza a ocupar los pupitres de un salón de clases.
Cuando hace alguna pregunta relacionada con tiburones, ninguno responde, son extremadamente tímidos. Pero tras varios minutos, los niños van perdiendo el miedo y algunos se aventuran a responder que la del animal se llama ´ ´.
«Nuestro enfoque es que nosotros no podemos conservar si no conocemos lo que tenemos.
Ese es el primer paso para que las personas, sobre todo los niños, las niñas y los adolescentes, conozcan qué tiburones y rayas tenemos aquí en el.
Luego ellos transmiten ese conocimiento a sus y amigos, y así todos entienden por qué es importante conservarlos», explica González.
Las clases combinan , , y actividades prácticas.
Los niños aprenden a identificar las distintas especies de tiburones y rayas, reconocen la función de sus aletas y descubren que no todos los tiburones son iguales.
El suele despertar la mayor curiosidad.
Su característica cabeza, conocida como , parece salida de una ilustración fantástica, pero es el resultado de millones de años de evolución.
La amplia separación entre sus ojos le proporciona un excepcional y mejora su capacidad para detectar las señales eléctricas que emiten otros animales bajo el agua, una ventaja que lo convierte en un eficiente cazador.
Pero el objetivo del va más allá de enseñar biología.
La apuesta de la consiste en sembrar una en comunidades donde, durante generaciones, el ha sido visto como un recurso alimenticio.
La esperanza es que esos niños, cuando algún día hereden las lanchas, las redes o las decisiones de sus , también hereden una nueva manera de relacionarse con el mar.
A unas tres horas de , hacia el sureste de la costa del guatemalteco, se encuentra la de.
Allí, los y negro forman un entramado de canales por donde las pequeñas embarcaciones se desplazan lentamente entre raíces que emergen del agua.
El zumbido de cientos de abejas rompe el silencio de la mañana.
Vestida con un traje blanco de apicultora y protegida por un velo que apenas deja ver su rostro, espera a que una de sus compañeras disperse humo sobre la antes de retirar cuidadosamente uno de los.
Como ocurre con muchas de , los ingresos de su hogar han dependido históricamente de la.
Sin embargo, la de los recursos marinos y la necesidad de reducir la presión sobre especies amenazadas llevaron a la a buscar alternativas económicas dentro de la propia.
La apareció entonces como una opción capaz de generar ingresos sin alterar el . Mientras sostiene el panal cubierto por cientos de abejas, resume el impacto que el proyecto ha tenido para las mujeres de la : «Es importante para nosotras las mujeres porque nos permite poder tener una entrada extra de para nuestro hogar, colaborar y no solo ser la ama de casa, ya que nosotros acá en nuestra subsistimos más de la «.
Los resultados comenzaron a hacerse visibles en.
Veintitrés apicultores -16 mujeres y siete hombres- lograron la primera cosecha de : 45,5 galones, equivalentes a 344 botellas de 500 mililitros.
Más allá del volumen obtenido, el proyecto demostró que el también puede convertirse en una fuente de ingresos distinta a la.
Aún es imposible saber cuántos sobreviven hoy en libertad en.
Lo que sí muestran los registros recopilados por es que miles de ejemplares juveniles siguen siendo capturados por la artesanal.
De modo que el del no depende únicamente de lo que ocurra mar adentro.
También se decide entre las raíces del , en las aulas donde aprenden los hijos de los y en las donde mujeres como , quien se hidrata con un gran vaso de limonada tras haber trabajado en las , han encontrado una nueva forma de vivir del mismo ecosistema que buscan proteger..











