La cañada de Arroyo Manzano, en el exclusivo sector El Millón, lleva meses con desechos estancados, evidenciando un problema nacional de gestión de residuos y drenaje urbano que trasciende clases sociales y amenaza la salud pública y el medioambiente.
En pleno corazón del Distrito Nacional, frente al residencial El Millón, la cañada de Arroyo Manzano se ha convertido en un depósito de basura que permanece desde hace meses. Vecinos y empleados de negocios locales, como Rubio, de la escuela ‘Patio Sport Club’, denuncian que han solicitado repetidamente al Ayuntamiento del Distrito Nacional (ADN) y al Ministerio de Medio Ambiente que intervengan, pero no han recibido respuesta. Este caso no es aislado: refleja una tendencia nacional donde las cañadas urbanas son ignoradas por las autoridades, pese a su rol crucial en el drenaje de aguas pluviales.
La acumulación de desechos ha creado una capa sólida que oculta el agua, generando un foco de enfermedades y malos olores. ‘El llamado que le hacemos a las autoridades del Gobierno es que vengan a resolver eso porque toda esa basura es un depósito de enfermedades para nosotros’, advirtió Rubio. Este escenario se repite en barrios de todo el país, y también afecta a la diáspora dominicana, que ve desde el exterior cómo la falta de infraestructura ambiental persiste a pesar del crecimiento económico.
La situación en El Millón es paradójica porque se trata de una zona de alto poder adquisitivo, donde los residentes podrían presionar con más fuerza. Sin embargo, la respuesta de las autoridades ha sido nula: cuando un árbol cayó en la cañada, la comunidad tuvo que pagar a un particular para retirarlo. Francisco Morillo, empleado del Patio Sport Club, afirmó: ‘Nunca el ayuntamiento ha venido a colaborar con la limpieza, siempre ha sido una iniciativa privada del club’. Esto evidencia una falla sistémica en la gestión de residuos y mantenimiento urbano que afecta a todos los estratos sociales.
El problema de las cañadas es un tema de tendencia en América Latina, donde el crecimiento urbano desordenado y la falta de planificación han convertido estos afluentes en vertederos improvisados. En República Dominicana, el Gran Santo Domingo tiene una extensa red de cañadas que atraviesa barrios densamente poblados, pero la ocupación de sus márgenes y la basura han reducido su capacidad de drenaje, aumentando el riesgo de inundaciones y contaminación. Expertos internacionales señalan que la solución requiere inversión en infraestructura verde y programas de educación ciudadana, algo que aún no se implementa de manera efectiva en el país.
Mientras tanto, la comunidad de Arroyo Manzano sigue limpiando por sus propios medios, una muestra de resiliencia que contrasta con la inacción estatal. Este caso, aunque local, tiene implicaciones nacionales e incluso internacionales, pues evidencia la urgencia de adoptar políticas públicas que garanticen un manejo sostenible de los residuos y la protección de los sistemas naturales de drenaje. La pregunta es si las autoridades dominicanas, tanto locales como nacionales, estarán a la altura del desafío o si seguirán permitiendo que la basura se acumule en las cañadas, como ha ocurrido durante años.











