Miguel Franjul Pérez.
Pocas piezas del patrimonio automovilístico dominicano poseen una historia tan fascinante como el Cadillac Fleetwood Serie 75 de 1939 que perteneció al dictador Rafael Leonidas Trujillo.
Más que un automóvil, esta majestuosa limusina representa un testimonio rodante de una época determinante de la historia nacional y un símbolo de la evolución del coleccionismo clásico en la República Dominicana.
Construido por Cadillac, la marca de lujo de General Motors, este Fleetwood destacaba por su elegante diseño Art Déco, sus imponentes dimensiones y un refinamiento extraordinario para la época.
Equipado con un motor V8 de 346 pulgadas cúbicas y aproximadamente 135 caballos de fuerza, ofrecía un desempeño sobresaliente en una era donde el lujo y la presencia eran tan importantes como la potencia.
Su larga carrocería, amplios espacios interiores, detalles cromados y acabados artesanales lo convirtieron en el vehículo ideal para funciones protocolares y presidenciales.
Jacinto Peynado Garrigosa Tras el fin de la Era de Trujillo, esta histórica limusina pasó por distintas etapas hasta llegar a manos de Jacinto Peynado Garrigosa, nieto del expresidente Jacinto Peynado.
Reconocido como uno de los grandes pioneros del movimiento de automóviles clásicos en la República Dominicana, Peynado entendió desde el primer momento el enorme valor histórico y cultural de esta pieza única.
Lejos de limitarse a conservarla, emprendió un cuidadoso proceso de restauración y preservación, respetando cada detalle original posible.
Su objetivo no era simplemente devolverle el brillo perdido, sino proteger una parte importante de la memoria histórica y automovilística del país para las futuras generaciones.
Bajo su custodia, el Cadillac Fleetwood de 1939 se convirtió en una de las piezas más admiradas de la colección dominicana de vehículos clásicos.
Participó en numerosos concursos de elegancia, exposiciones y eventos internacionales, incluyendo destacadas presentaciones en Puerto Rico y Estados Unidos.
Uno de los momentos más recordados fue su participación en la gran Exhibición-Concurso de Autos de Colección, Clásicos y Antiques celebrada en el Hiram Bithorn de San Juan, Puerto Rico, donde los representantes dominicanos obtuvieron importantes reconocimientos.
Hoy, este Cadillac Fleetwood no solo es recordado por haber transportado a uno de los personajes más controvertidos de la historia dominicana.
También es reconocido como el legado de un apasionado coleccionista que dedicó años a rescatar, preservar y compartir una pieza irrepetible de nuestro patrimonio automovilístico.
Gracias a la visión de Jacinto Peynado Garrigosa, esta legendaria limusina continúa contando su historia sobre ruedas, recordándonos que los grandes automóviles son mucho más que máquinas: son guardianes de la memoria y testigos silenciosos del paso del tiempo.
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