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(VIDEO) Geólogo advierte sobre vulnerabilidad de RD ante un gran terremoto

EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO.– República Dominicana enfrentará en algún momento un terremoto de consideración y su impacto dependerá, más que de la magnitud por sí sola, de la calidad de las edificaciones, las características del suelo y el nivel de preparación de la población, advirtió el ingeniero Javier Rodríguez, director del Observatorio Sismológico del Instituto Politécnico Loyola.

“Va a haber un terremoto, eso es inevitable”, afirmó Rodríguez durante una entrevista especial de Tal Cual con Marlenin Román, en la que descartó que los recientes terremotos ocurridos en Venezuela y Colombia signifiquen que República Dominicana sea necesariamente el próximo país en experimentar un gran sismo.

El especialista explicó que los eventos registrados en esos países responden a contextos tectónicos diferentes y no existe una secuencia mediante la cual los terremotos vayan desplazándose de un territorio a otro.

Aseguró, además, que el monitoreo realizado desde el Observatorio Loyola no muestra actualmente una situación extraordinaria en La Española.

“Estamos registrando un promedio entre seis y diez temblores pequeños diariamente. Nada anormal”, precisó.

El norte concentra la mayor actividad

Rodríguez explicó que República Dominicana se encuentra próxima al límite entre las placas de Norteamérica y del Caribe, en una región que describió como una especie de “mini cinturón de fuego” por su actividad sísmica.

Según el especialista, alrededor del 80 % de la sismicidad de la isla se concentra en su franja norte, particularmente desde el valle del Cibao hacia el océano Atlántico, entre Montecristi y el canal de la Mona.

Entre los sistemas que requieren mayor atención destacó la falla Septentrional, cuyo trazado atraviesa o se aproxima a importantes zonas pobladas del norte dominicano.

Rodríguez explicó que este sistema penetra desde el norte de Haití hacia Montecristi y continúa por áreas próximas a Navarrete, Santiago, Tamboril, Moca, San Francisco de Macorís y Sánchez, antes de salir frente a Samaná hacia el canal de la Mona.

La historia sísmica de La Española, recordó, demuestra que el riesgo no es hipotético. La isla ha experimentado terremotos destructivos durante siglos, aunque los largos períodos entre grandes eventos contribuyen a que la población pierda conciencia de esa realidad.

“El período de recurrencia de los terremotos es a veces mucho más grande que el período de vida de una persona”, explicó.

Suelos blandos pueden aumentar los daños

Uno de los puntos sobre los que Rodríguez llamó especialmente la atención es el papel que desempeña el terreno.

Explicó que cuando las ondas sísmicas alcanzan suelos blandos o cuencas sedimentarias pueden amplificarse, provocando que un mismo terremoto produzca consecuencias muy distintas entre localidades relativamente cercanas.

Entre las áreas que, por sus características, merecen especial atención mencionó el valle del Cibao, el valle de San Juan, el valle de Azua y el valle de Enriquillo.

Al ser preguntado específicamente por los puntos que considera de mayor vulnerabilidad, citó zonas de Tamboril, Moca y San Francisco de Macorís, donde existen terrenos blandos sobre los que se han levantado edificaciones.

También expresó preocupación por construcciones precarias ubicadas en sectores del cinturón de Santo Domingo hacia San Cristóbal, algunas de las cuales, señaló, aparentan visualmente no haber sido levantadas conforme a criterios adecuados de resistencia sísmica.

Para Rodríguez, ahí se encuentra una de las claves para comprender el verdadero riesgo.

“Los terremotos no son los que matan, son las edificaciones”, sostuvo.

Un inmueble correctamente diseñado para resistir movimientos sísmicos puede sufrir grietas e incluso quedar inhabitable después de un evento fuerte, explicó, pero su objetivo fundamental debe cumplirse: evitar el colapso y preservar las vidas de quienes se encuentran dentro.

¿Qué magnitud podría tener un terremoto en RD?

Rodríguez considera, a partir del comportamiento sísmico observado y de antecedentes relativamente recientes en La Española, que un eventual terremoto importante podría situarse alrededor de magnitudes 7.0 a 7.2.

Sin embargo, dejó claro que se trata de una apreciación basada en antecedentes y no de una predicción sobre la magnitud, ubicación o momento de un próximo terremoto.

“No va a ser muy grande”, sostuvo al explicar su criterio, aunque reconoció que un terremoto fuerte forma parte de los escenarios que el país debe contemplar.

El especialista insistió en que actualmente la ciencia no puede determinar con precisión cuándo, dónde y con qué magnitud ocurrirá un terremoto.

También expresó reservas sobre la efectividad que tendría un sistema de alerta temprana para un gran sismo originado dentro de la propia isla, debido a la cercanía existente entre las fallas y numerosos centros poblados.

“Estás durmiendo con el enemigo”, ilustró Rodríguez, al señalar que en determinados escenarios podrían existir apenas uno o dos segundos entre la detección y la llegada de las ondas a una población cercana.

Haití no “liberó” el riesgo dominicano

Durante la entrevista, Rodríguez abordó también la creencia de que los terremotos ocurridos en Haití en 2010 y 2021 habrían liberado suficiente energía como para reducir el riesgo sísmico del lado dominicano.

El director del Observatorio explicó que los estudios realizados por Loyola en el sur del país indican que la falla de Enriquillo pierde fuerza hacia territorio dominicano y consideró incorrecto asumir que un terremoto ocurrido en Haití determine automáticamente lo que sucederá posteriormente en República Dominicana.

De igual manera, rechazó la percepción popular de que, después de Venezuela y Colombia, “le toca” a República Dominicana.

La migración de esfuerzos después de una ruptura sísmica, explicó, responde a mecanismos físicos específicos y no a una sucesión geográfica de países.

La preparación puede marcar la diferencia

Rodríguez sostuvo que República Dominicana debe desarrollar frente a los terremotos una cultura preventiva semejante a la que ha construido durante décadas frente a los huracanes.

Ante un sismo, recomendó mantener la calma y, cuando no exista una salida inmediata y segura, aplicar el protocolo de agacharse, cubrirse y agarrarse, buscando protección frente a objetos que puedan desprenderse o caer.

En iglesias, estadios, centros comerciales y otros lugares de gran concentración de personas, destacó la necesidad de disponer de salidas de emergencia claramente identificadas, rutas de evacuación y puntos de encuentro.

También valoró los simulacros que se realizan en centros educativos e instituciones y consideró fundamental que la prevención sísmica forme parte de la educación de la población.

El Observatorio Sismológico del Instituto Politécnico Loyola surgió en 2012, dos años después del devastador terremoto de Haití, y comenzó monitoreando el sur de la isla con tres sismógrafos instalados en Neyba, Barahona y Pedernales.

La red se amplió posteriormente y actualmente permite al Observatorio recibir información de decenas de estaciones propias y de otras instituciones, con las que registra incluso movimientos imperceptibles para la población.

Para Rodríguez, el desafío no consiste en vivir esperando una catástrofe, sino en asumir que los terremotos forman parte de la realidad geológica del territorio.

“Tenemos que aprender a vivir con los terremotos”, afirmó.

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